martes, 15 de febrero de 2011

Crónicas de El Bodrio Ojeroso


Grujidos, chirridos, bramidos, graznidos, mugidos, gañidos, gruñidos, silbidos, crujidos, quejidos


R/P - En mi casa, El Desierto de los Tártaros me impide confortarme con el baño y menos comer. Me paso dando vueltas por la casa, hasta que cortan la luz, sin saber cómo cuernos combatir El Mal, que sigue ululando como viento. Estoy seguro que en Mendoza nadie debe saber cómo es la naturaleza de este lugar, ni de estos huracanes. Ni de lo que significa ulular de viento, aunque el viento no ulule. No ulula porque la palabra es ridícula para describir más apropiadamente estos aullidos, gritos y rechinamientos, estos aparatosos alaridos de cementerio que encrespan el ánimo, gritándome en la cara todas las formas posibles de las vocales u, repitiéndolas, alargándolas estúpidas y esdrújulas.
Un temor irracional a quedarme dormido y ser asaltado por fantasmas que con u o sin ellas, aúllan descontrolados, me hace evitar el dormitorio, dar vueltas de perro por el comedor, de murciélago por el garaje a oscuras, de animal Lexotanodependiente por el centro de salud. Algunas de las persianas que dan al exterior, al soltarse de su enganche al muro, chocan y entrechocan con violencia, permitiendo que los remolinos  de tierra penetren como polvo sutil por cada hendija. La extrema sequedad ambiente se evidencia cuando toco objetos metálicos y saltan dolorosas chispas de estática entre mis dedos, más dolientes aún porque me traen el recuerdo de aquella única vez que con Ave...

Voy hasta el baño. Dejo correr nuevamente el agua de la lluvia buscando humectar un poco la casa, pero inútil, no hay vapor de agua posible con esta temperatura, veo mi propia imagen en el espejo. Asusto con el pelo como peluca de paja, la cara como una cartulina de mala calidad, todavía más truculenta a la luz debilucha de la vela que chisporrotea indecisa entre permanecer encendida o apagarse. Siento mi lengua dar vueltas ásperas en el paladar, buscando algo húmedo que beber. No me quiero tentar con el vino por la presión, tomo un poco de agua de la canilla, pero la escupo porque sale sucia y con olor a barro. Duda resuelta, voy hasta la heladera de la farmacia, donde tengo escondido un fresco Beaujolais maipucino, lo amerito rápidamente en un buen vaso,  me recuesto medio vestido.

No puedo dormir aunque lo desee, ninguna tarea ni lectura me adormecen, me levanto a seguir dando vueltas por la casa, tratando de no desquiciarme. En mis vueltas de mono enjaulado, miro todos los relojes para  verificar que han pasado dieciséis horas con viento desde que empezó a correr tibio la noche anterior, ocho de puerta de horno, tres desde que volvimos del pozo petrolero, casi treinta horas seguidas corriendo el viento maldito, protervo, malvado, etc., etc.
Siempre con su berrenchín crujiente se cuela sistodiastólico y violento por la puerta del fondo que da al Sur, formando ectoplasmas de los espíritus que, removidos de su lugar bajo la casa, espían burlones a ver quién es el habitante que los molesta. Los borbollones terrosos, al descubrir que soy yo quién los miro con asombro, hacen la farsa  de caerse empujándose a sí mismos, uno detrás del otro, mutantis por el foro. Yo también éso, pero camino a la heladera donde me paro, disimulo un poco, y bebo dos vasos más del vino. No va a ser suficiente.
   
     Un fondo de botella más tarde, agotado el Boujelais, ataco unas galletitas con Roquefort y Cinta de Plata de la Reserva de Mucha Emergencia Tautológica, el que guarda siempre tiene.
Como, bebo, como , bebo, veo, oigo, bebo.

El tiempo no pasa.

Sentado en una silla, aún absorto, dirijo el “spot” de la vela hacia las corporizaciones de los chifletes de materia terrosa, tangible y audible, que se siguen sucediendo en formas diversas y divergentes. Después de los vinos bebidos, no me debiera asombrar que vuelvan a erguirse en la mitad de la sala, al menos una de aquellas, perfecta forma de columna enhiesta, que se da vuelta con gracia de dama antigua a ver si el resto la sigue en cohorte.  Otra semeja el lento humo de las hojas quemadas en otoño. Otra, la humarada de cigarrillo fumado por un taita ensangrentado, y la restante, fumarola del hombre que está solo y a la espera, venga un Particulares 33 (¿!).
     El humo del cigarrillo se hermana con las columnas de polvo, cayendo todas, lentamente, sobre las baldosas. Allí se deshacerán reptando siseantes por el piso, o transmutarán en alfombra silente. Sobre ellas mis zapatos van dejando huella únicas y perfectas. Temiendo que alguna se convierta en bíblica serpiente traicionera, retorno con cuidado al utérico dormitorio, pero allí los variados y violentos ¡chafrás...!  chafrás... ¡chafrás!  de las persianas golpean exasperantes. ¿O será el Lobo Ferozoso de las FF.AA conjuntas que habiéndome descubierto el camouflage de Msié Le Docteur, soplan y soplan y soplan las actas del Proceso de Reorganización Nacional para derribarlo? Nadie me contesta peeero...

...es la medianoche exacta.  A la exacta hora de las brujas, todo movimiento, todo ruido se detiene.
Nada se siente. Me deleito pensando que hasta San Pedro, insomne, cansado de las tropelías de los demonios aullantes de la noche, les ha puesto por fin una cristiana mortaja. La calma recién llegada es chicha, de chicha y aloja. Asusta más que todo el ruiderío anterior, porque es un silencio de sepulcro vandalizado, entre el cual me muevo tratando que las suelas de mis zapatos no chirríen, preocupado por la súbita generosidad acústica. Presagio una tragedia, presiento macabridades, me atranco en pensamientos de terremotos, de guerras islámicas por la fe, de caballeros cruzados en pos del Santo Grial, cualquiera de ellos  crucificados delante de sus propias cruces.

Un pequeño ruido, ínfimo, tímido, silencieido, hace que mire fijo, aténtido hacia la puértida.

Luego a la ventánica.

Nuevamente a la puertAhhhhh ! grito yo asustándome a mí. Ningún endriago desconocido me ha hecho gritar, sólo es el ventarrón, viejo taimado, paciente esperador de mi sorpresa, espiador detrás de muros y puertas, que ha comenzado de nuevo. Es pasada medianoche y se ha vuelto frío. Así nomás. De caliente a tibio, y de tibio a helado, ¡pero no callado, maldito una, y mil veces maldecido...!
Pues bien,  modo indicativo del presente imperfecto, si tú gritáis,  yo también gritaré y sinonimiaré a los grujidos, chirridos, bramidos, graznidos y mugidos, que precederán a los gañidos, gruñidos, silbidos, crujidos y quejidos, es decir, a todo este zoológico acústico que no sólo me tiene totalmente aturdídico, sino que también me desquicia, perturba, trastorna, y altera.

Al cabo de una hora, el felónido cabrón sigue atacándome por la espalda, el frente y el costado, por tantos lados, que yo, ya no duda la cabe, ni par, por, sobre, sin, so, ni quizás. Hay una única seguridad, y es que es un monstruo bufónico y desacatado que me tiene alterado, conmocionado, sobresaltado y enloquecido, y aunque órale se ha puesto frío, igual raya los vidrios, retumba en las cuadernas, golpea sus asquerosas pezuñas sobre todo en el epitelio precordial y termina jodiéndome por el decúbito pronal.
     
Ha pasa otra hora de cinco millones de segundos. El telúrico ente mefistofélico sigue siendo un ser despreciable, un sujeto mutable, una esencia inasible, y aunque tenga forma intocable y cuerpo sibilante, es un todo enteramente repudiable, al que yo pretendo que le uácale fuchi fuchi, pero que a él ni le fu que le fa al fo, porque  me sigue haciendo sonar.
  
Ahora, en el segundo cinco millones trescientos cincuenta y siete mil, el  Futre Sábatico y tunélico se ha levantádico moléstico del poltrónico, donde repositaba tratando de leerlo, preguntándome si no me iba a ir a acostar de vez una buena y. “¿Todavía necesitás preguntarlo? ¿No lo oís al tío Bebe tocando el clarinete?... Comprenderás que con la cabeza no podía pasar nada normal, aparte de que nada de lo que pase con una cabeza sin el cuerpo correspondiente puede ser normal”.
Pero Ernéstido, arguyeo, es que aún allí, ya veo yo que allá, desde aquí nomás se ven, en las oquedades protectóricas del dormitórico, cómo se contubernian las rendíjicas para dejar pasar soplídicos que apagan la vela desnúdica. ¡¡Es demasiádico!!. Grito ¡CANEJO! exultántico y sudórico ¡Vade retro, céfiro sataniénsico! Cuidáos de mí, espantolulánticos lamentos que con o sin cabezas de Futre, sin héroes y con tumbas festejáis  en las persianas. Yo ya no me resignaré más. ¡Ah, no!. Aceptaré el combate. Que sea cuerpo a cuerpo, y a muerte pelearé contra el avernoso vendaval, leyendo a los gritos adonde caigo mi dedo en la biblia de las paulinas pero cae nada menos que en el “Apocalipsis 5:1 Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. 5:2 Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? 5:3 Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo. 5:4 Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo”.
 
   Peor resulta la cita u mucho menos mi fe, pues a más grita yo citando conjuros bíblicos, más fuerte rechifla el céfiro. Hasta la cama se queja ya, con mis delirantes sacudidas y ataques a puro cachetones de libro. El pensar que si algún vecino pudiera espiar por la ventana creería que estoy poseído, y sino poseído, al menos desquiciado, hace que me aferre más fuertemente al exorcismo cuanto menos funciona. Me levanto feroz parapetado en mi bata de cosaco Iván el Terrible,  apagada en mi boca y apretada por los dientes de Holmes, la Höllister, tomo El Libro en una mano, y la vela apaguera en la otra. Y así disfrazado leo a los gritos, el cap.1 del Eclesiastes. “Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece. Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo. Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo. Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol ¿Hay algo de que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido.  No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después” y gritando Las Lecturas paso revista a las grotescas tropasombras de polvo que marchan quebradas, ora alargadas, siempre siniestras a mi costado.
    
Watson será testigo, desde el fond d’cav etílico, que lo intenté todo, hasta La Palabra, y que disfónico, desgreñado, tiritando, ojeroso, maciloso y vacilante, ofrezco mi rendición incondicional. Abatido, sin voz, ni sagradas trompetas a silencio, pido que se materialicen nomás los generales venteantes y victoriosos con sus vanguardias de  fantasmas, y que vengan de una buena vez a quebrarme el sable de la fe y arrancarme las charreteras del doctorado que de todas maneras nunca lo terminé.

r/p 03 : 20 : 01   Mi cabeza está girando más rápido que el huracán. Ruego que el eje de la tierra se incline y produzca  geosinclinal la madrugada. Por las dudas, voy a la cocina para prepararme algo caliente y cafeínico, pero el fuerte olor a huevo podrido de la garrafa me indica que  el gas se ha terminado, de modo que tampoco podré tomar un mate, ni caliente infusión alguna parecida.

r/p 03 : 28 : 49.  El termómetro exterior indica a la luz de la linterna que hemos bajado  en 24 horas de 27 a 5 grados y descendiendo alerones abajo, no tiene sentido seguir peleando. Una caja entera de Lexotamil 1,5 mg aguarda mi farmacodependencia en la farmacia, pero como debe ser otra trampa perversa de los fantasmas espiones, improviso Cabezón una táctica en mi guerra contra el viento, recurriendo a la ginebrita escondida de miradas indiscretas que me obsequió el jefe petrolero “por las molestias” de la tarde anterior. Zafar de la enebrodependencia será más fácil que de la otra, y no tiene contraindicaciones. Buena estrategia esta Óper Disimule. Buen tipo el jefe de pozo. Perpicaz Holandesa, la ginebra. De le paí bá. Al tercer cuarto o quinto vasito tomado, con y sin hielitos, ya estoy mirando bizco hacia el interior de la botella de cerámica, buscando a la holandesa para que se saque el miriñaque y beba licenciosa conmigo.
Nones. Ha desaparecido y totalmente vestida en mi tracto digestorio, y desde allí sí,  ah malvada, ahí sí, se despoja de las sedas sensuales para seducir y luego violar a mi Hepato desprevenido.

La nuca me duele espantosamente. Presiento la profecía, que no estará escrita en el apocalipsis, y sin un verdadero médico a mano a quien consultar, sé que otra vez me va a pasar lo mismo, porque me veo en medio pedo malcaminando hacia el baño, que cada vez está más lejano, cada vez las paredes dan vueltas más rápido, y ni siquiera tengo tiempo de verificar si es la vela que se apaga, o soy yo quien le vomita encima. Por tercera vez en mi vida termino dándome vuelta como un guante, con una borrachera miserable, pero misericordiosa. Una voz de sarcófago parece decir: tengo un pedo terrible, tengo el hígado fundido, por lo tanto soy un médico choto.

Lo último que conscientemente registro es que alguien grita un desafórico ¡viva pedón mied -da!. (¿?)

( Si sobrevivo a esta última borrachera, tal vez siga ejerciendo de médico aquí o en alguna parte, reflexiono entre dislocadas arcadas biliosas. Pero sea donde fuese, si corre viento zonda y en una mano sostengo el Lexotamil Fórceps y con la otra palpo genital una Erber Lucas Bols Genever, y en el medio le burbujeo beajuloais, mi próximo autodiagnóstico será el de alcohólico dicroico, porque “leté será muá, me le Gran Pedé también*”. Y aunque ya no habrá caba comprensiva que me inyecte una buscapina intramuscular, ni tampoco existen inyecciones sanapédicos alcóholicos, alguien tendría que inventarlas.)
(N. del T. *Frase atribuida a Gabriello Lucas Fallopio, inventor de la falopa de enebro, olvidándose las específicas recomendaciones de no cruzar bromozepán con alcohol)

lunes, 22 de noviembre de 2010

shalom

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sábado, 13 de noviembre de 2010

azul parís




Si el gordo soriano estuviera por acá, seguro se habría cagado de risa con el comentario. El exilio es jodido, le habría dicho yo en un exceso de confianza. Lo más jodido de exiliarse es estar esperando que alguien no te cague la confianza, como cuando estabas allá, en el exilio interior, imaginaría que me contestaba. Como los gatos.
Los gatos nunca terminan de confiar en uno. Al menos la mayoría.
Es uno quien debe confiar en ellos. 
La  obsesión con los  gatos me viene de que los gatos negros traen mala suerte, ya que  la antigua creencia popular de que todos los gatos negros son brujas metamorfoseadas... eso, lo debería haber escrito hace un siglo el edgar allan poe. Menudo negro el gato negro de poe. ¿Porqué lo habré leído cuando tenía apenas 8 años y era un lector precoz de ese tipo de literatura?Anticipatorio del crímen?
Allá a los gatos se les llama también a las prostitutas, es decir a las putas, debe ser porque andan de noche, pero se masculiniza, o sea que debieran decir gatas, o es que gatos hay también y son los prostitutos...

La pistola que ella guardaba debajo de la almohada era una Tokarev TT34, modificada, posiblemente húngara. Seca. Eficiente. Eficaz.Un arma para matar, no para ser admirada.
¿De qué otra manera se debe describir a un arma?. No sabría precisar si el arma era la Tokarev, o más bien, ella misma. Desnuda, claro está. Un arma  eficaz no necesita ser bella, sino eficiente, eficaz, sin fallas. Un ak 47 pero sin tanto tamaño, como ella, 165 cm y mejores curvas que una 9 mm, una 7 punto 62 peronunca  como una 22.Demasiado diminuta
Impercepitible debajo del  bolsillo interior de su impermeable, estaba la diminuta Browning Cobra de 7 tiros y en la tobillera la clásica Beretta 950 de 5 tiros. Una de las dos no iba a ser descubierta nunca, pensó con satisfacción de principiante.

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Vista así, desnudándose frente a sus ojos a través de la ventana, de noche y en parís, en esa calleja de Tournefort, no parecía peligrosa. ¿Cómo puede ser peligrosa una mujer desnuda y en París, por más que esté en azul? Y en el barrio latino. Siempre había creído, y sobre todo después de Cortazar, que el barrio latino era un lugar enorme poblado por latinos ilustres.

 "El Barrio Latino es una zona del 5° arrodissement de París, en las proximidades de la Universidad de la Sorbona. Debe su nombre a los estudiantes y profesores que hacían sus reuniones allí en latín hasta la revolución francesa y ha sido el ...arrojé el papel a la mierda, sobre todo porque en el dorso estaba escrito su dirección y su teléfono.Su teléfono.

Fue al café Le Chian Perdu, pidió el teléfono, marcó su número y esperó. Ella contestó con voz de Janet Henry.El preguntó si podía pasar a buscar unos documentos.Ella le dijo que sí, pero si estaba cerca que se demorara porque estaba por tomar un baño. El insinuó algo así como secarle la espalda. Ella rio y cortó. El subió sin prisa y en silencio los 37 escalones de la escalera en mal estado. Abrió la puerta sin dificultad, una cerradura en mal estado lo facilitó. La puerta se abrió con un leve chirriar de madera vieja. El entró con la mano presta en el bolsillo interior de su impermeable. Ella estaba de pie en la sala, con su rob de chambre entreabierta, y debajo, abslutamente desnuda. Ella dejó caer la robe y el tragó saliva. Era inmensamente deliciosa, con la luz que en el azul de la lámpara junto al calefactor la iluminaba. Ella movió sus hombros hacia atrás, y la robe se amontonó junto a sus pies. El sacó las manos de los bolsillo del impermeable, abandonó la seguridad de la Browning Cobra y estiró su mano hacia ella sonriendo.
Ella sacó su mano diestra detrás de su cadera, amartilló la pesada Tokarev y disparó un cañonazo que explotó sobre su oreja derecha. Sintió atrás suyo el impacto, el quejido y la sangre encefálica que le rebotaba en la nuca.

domingo, 7 de noviembre de 2010

ROJO SANGRE

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Está tendida sobre sus pechos, totalmente desnuda.
No entiende el rojo de las sábanas. No recuerda sábanas rojas.Rojas no. El rojo es sangre. Mira sus manos. Sus propias manos. Algo se mueve, difuso, sobre la ventana.
Carlos no ha llamado aún, piensa, inquieto. Tantea la sobaquera, por instinto. La Beretta no está, se sobresalta. Pero no se asusta. Debe estar debajo de la almohada.¿No?
Puta misión ésta, muy puta.
Afuera, las clásicas nubes lenticulares de zonda, ovnis sedosos.
Le pica la nariz, como siempre que zondea.No por el cigarrillo.No debe fumar tampoco.
Mira el reloj: la penumbra destaca silenciosa el fluorescente19:42...
Una radio cerca del palier estalla 39:7º, 6% de humedad. Maldito encargado
Mal día para trabajar, maldito trabajo, maldita misión, malditos putos días con zonda, maldito calor.
Mira a la mujer...su cabeza está sobre la almohada, y si está sobre la almohada, entonces...
Puto zonda. Puto calor, puta sequedad de ambiente, puta pistola ausente en la sobaquera.
La traspiración le corre por la frente, a pesar de la sequedad del ambiente, sofocante.Así no puede...
(Necesito un trago, Mariel, aunque haga zonda)

Mejor recuperar la Beretta.
Se para, se da cuenta que aun está descalzo, pero el piso de tablones de pino apenas cruje.
La mujer en la cama sigue sin dar señales de vida. Desde la oscuridad de la pared en que se encuentra apoyando la espalda, la tensión muscular ya es insoportable.Decide cambiar de posición, elongar lentamente, por si debe correr, aún descalzo, o más aún, por estar descalzo.
La mujer en la cama es hermosa. El pelo, rojizo, como las sábanas.
Su cadera es perfecta, piensa.
( Acá le decimos culo, tano.Y eso que estás mirando es un señor culo) .
Sonríe, o cree sonreírse. El otro lo mira, él aclara.
(¿Señor culo?, eso es contradictorio, es un culo, muy femenino, en todo caso).
Piensa en la obsesión de algunos boludos en romperle el culo a una mina, cojerla, hacer que chille y simule sus ohh, ahh, my god y esas pelotudeces de videos triple X.
-¿Vos no?, preguntaría Mariel.
-No, la cadera es una forma perfecta parar ser acariciada.Si lo preguntás, prefiero la espalda en su totalidad, incluyéndola.
- ¿Cojer una espalda?
Las preguntas de Mariel lo sonríen.Siempre tan británicamente irónica...
Recorre la espalda, su cadera tan perfectamente redondeada, sus piernas, vuelve a subir, llega hasta su pelo, (¿dormís?)
Le sopla suavemente el cabello, desordenado, pero tan tranquilo como su rostro, como casi todo rostro que duerme descansando, pasa los dedos apenas por su boca, se inclina para besarla, la sobaquera oscila delante de él, casi tocando el rostro de la mujer.
 Su boca es perfecta, también, mejor dicho, sus labios, son perfectos, apenas entreabiertos, haciendo un hoyuelo imperceptible...
Piensa que debe recuperar la Beretta, comprobar si tiene el cargador puesto, si le queda alguna bala.
Se está descuidando mucho.
Puta misión, alcanza a decir







sábado, 30 de octubre de 2010

When You're Smiling

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Una auténtica noche de mierda. Ha nevado en la cordillera, aunque sea octubre y aquí, a 300 km de distancia, sólo llegue un frío típico de desierto, soportable con apenas una remera debajo de la camisa.
Tengo un "humor de perros". No sé qué es eso y eso que soy escritor. Pero tengo ganas de morder a alguien, a algo.
Carolina me llama desde México. Ella está solitaria también en su café, sin clientes a la vista. Quiere que hablemos, pero niega la w. cam y el micrófono, como "A." Tecleo con desgano algunas palabras de consuelo para su estado hormonal y de tristezas y soledades. Le pregunto por el café turco que a "A" la seduce.
No sabe de café turcos y tampoco tiene ganas de saber. Quiere oídos y yo no tengo bocas hoy, para ella. El verano pasado estuvimos para un seminario, juntos, en Buenos Aires. Buenos aires estuvo lluvioso, húmedo y de mierda. Y Carolina en "esos días" y sin ganas. El seminario de psicología industrial en el posmodernismo. Algo de Lacan y Gertrudis, o lo que fuese, y nada de sexo, ni follar, ni cojer, ni hacer el amor, ni siquiera un café con manos entrelazadas.Y luego, Ezeiza, muchos besos y abrazos, vente para D.F., ya sabés donde encontrarme, aeroparque, Mendoza, el Plumerillo. Le digo, hace un año, parece mentira,  hoy estoy con un humor de mierda. En vez de responderme, comienza a preguntarme con las sutilezas de siempre, malditas psicólogas y mujer, maldita su cintura de redondeces envidiables y su Kiss of fire, y su tango psicológico  para conmigo, y yo no tengo ganas de hablar.Pido disculpas, le digo que me espere, que estoy incrustando un video para mi blog. When you're smiling. Luois Armstrong.  

La casa, mi casa donde ahora estoy escribiendo este post,  está lo menos parecida a una de esas "instalaciones" que Holliwood prepara en sus películas de mierda, cuando "esa" mujer está por llegar. Carolina, está amable.Me esperará, mientras llegan clientes a su Coffe-Bar en D.F., y yo le insinúo cosas a A. en mi máquina

 a la luz de la penumbra su cuerpo sigue siendo bello y contorneado, aunque maldice y se auto carga con que de "curvas nada, de cuello a tobillos una sóla línea". Le digo que su boca de labios españoles... que sigo enamorado de esa boca sin maquillaje ( lapiz de labios, pavo, me corrige)

Te gusta Armstrong?, le pregunto de imprevisto. No, me dice contundente. Pero apetezco un cigarrito, si no te molesta. Le alcanzo mi atado de camel, el segundo desde esta mañana, que ella rechaza mientras se arrima a la ventana que da al patio. Bellos jazmines, cielo, dice liando su propio cigarrillo con torpeza premeditada.
Doy vuelta el L.P, y elijo el tema. When you're smiling. Es perfecto. En todo sentido.

Ella fuma espaciadamente con la frente apoyada en la ventana.
Bailemos, digo yo, esperando que ella me conteste con voz de mina de Dashiel Hammet. El tema, de Louis, la noche ya cerrada, la penumbra, y mi deseo, lo ameritan.
El equipo de alta fidelidad es perfecto. Ni el más mínimo sonido a rasgadura ni cliks de la púa de diamante sobre el surco. Para cuando suena el piano, su boca escribe sobre la mía cadencias de andalucía sosegadas y su mano arrastra otoños de vinos rojos en mi nuca.
Ibas a fumar?
Sí. Pienso que Ella Fitzgerald? Pero no, demasiado áspero para el momento.

Otro Camel, y ella de nuevo con la frente apoyada sobre el ventanal que da al patio. He apagado la luz, y la observo a la luz de la luna.Desnudada totalmente, apenas inclinada sobre su pie derecho, espía, curiosa hacia afuera.Pienso que sus curvas son tan naturalmente femeninas y a la vez adolescentes, a pesar de los cuatro hijos...
Esta noche, le digo arrimándome hasta su espalda, besando apenas su cuello, entrelazando mis manos sobre su vientre desnudo y suave de "El Corazón es un cazador solitario", aspirando todo su aroma de Almerías y mediterráneome despido,  tengo que mover al empleaduchoooo para que antes de irse me deje todo en orden, Saludos ‎ I Can't Give You Anything But Love, suena el aviso de Carolina, desde su coffe bar, en DF.Bien, era previsible, la dejé colgada media hora lo menos.

 Suena una vez más When you're smilin', when you're smilin'
The whole world smiles with you
When you're laughin', when you're laughin'
The sun comes shinin' through,

"A", sigue desnuda, sus largos dedos diestros fumando su cigarrillo armado...
La noche y esta mujer española que fuma, son perfectas.Mi humor ha cambiado.Pero, simpre hay un pero y un imprevisto cuando de A. se trata...Miro el reloj de pared. Veintitrés minutos pasada medianoche
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Suena una vez más When you're smilin', when you're smilin'
The whole world smiles with you
When you're laughin', when you're laughin'
The sun comes shinin' through

But when you're cryin', you bring on the rain
So stop that cryin', be happy again
Keep on smilin', 'cause when you're smilin'
The whole world smiles with you

Luego empiezo el tercer paquete de Camel.
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Y fumo, con mi propia frente solitaria apoyada sobre el ventanal














viernes, 15 de octubre de 2010

MANIFIESTO FUNDACIONAL DE LOS ESTADOS GENERALES DEL CORAZÓN



En el Año Universal de los Afectos establecido por acuerdos provinientes de los siglos y más siglos en que nos veníamos encontrando reencarnando moleculares sin saber que estando tan cerca habíamos estado perdiendo todo el tiempo de estar vivos viviendo separados, los que apenas un poco más abajo suscribamos, tendremos la extendida circunstancia de saber que un nuevo estado ha sido imaginado en el sistema estelar de nuestra galaxia.
El Tal Estado ha sido creado unilateralmente por voluntad y elección de personas soberanas descubriendo que en lo profundo de su cuerpo inmaterial habitaban un corazón y que es el corazón el que los hacía vivibles y esperables, motivo por el cual, todos los más abjo y un poquitido hacia el costado y sobre los bordes y orden u desordenados,, pero ternurientamente palpitantes, hacen este manifiesto en manifestación que se hará tanto más grande cuanto más grande sea el corazón que a cada uno lo sostenga.

Les pido a ustedes disculpas, he olvidado presentarme. Soy Osvaldo Vicente Tramontina, nacido un cinco de enero de un mil novecientos cincuenta y uno sobre el planeta tierra. En los dominios del sol, su estrella más cercana me declaro perteneciente a su cuidado. Es mi invento, por hoy me lo creo hasta yo mismo, por lo cual también les digo que pertenezco desde siempre a Los Estados Generales del Corazón.

Es preciso precisar sin ser más certero que lo que esta grandemente pequeña ocasión amerita, que unas dos veces nací dentro de aquél y ciertamente dos veces estuve muerto bien morido creyendo que con ellos en realidad había nacido cada vez.
Hoy he creído en el corazón de una mujer que me ha hecho renacer, sin que ella se lo propusiera, por tercera, definitiva y última vez. Ruego a ustedes dispensarles de su nombre, salvo comentarles que el dicienueve de diciembre de dos mil tres, me dijo expresamente que me había extrañado apenas un poquito, ( ella siempre habla en chiquitito porque este año mi amor eterno reencarnó siendo maestra jardinera).
Agregó también que me quiere tanto que duda las razones de la sinrazón que tiene un corazón cuando está amando, y se cruzaron de destino nuestros ojos, nuestras manos. Juro que eso fue todo lo que pasó, más,para mí como fue público y notorio, resultó más que suficiente.
De inmediato le hice de mi puño y letra manifiestos ( y en soporte de papel que no por arcaico resultó menos valedero), escribiéndole ciao Principessa dell'occhi verde como los verdes del valle de mi patria chica de alamedas frescas, de mirada larga, de nostalgias suaves. Te escribo sin urgencias porque en las cercanías de este breve viaje compartido en que cruzamos las miradas y apenas un breve entrelazar de manos surgieron estas simples cosas de mirarnos. Por ello es que deseo manifestarle a la ternura de tus dedos largos que extrañan primaveras como yo longitudes de cinturas tiernas y, etc, etc, es decir  otras muchas más cosas en tres hojas llenas de tonteras y alguno que otro párrafo del amor más amarero, engordado por las faltas de ortografía y una caligrafía que mamma mía...
Está bien os lo suplico, no me apuréis más con la brevedad, que vosotros ya lo sabeís a la hora de escribir soy más bien larguero, dejemos ya de hablar de mí y publiquemos y difundamos y que vayan por el aire los aéreos mensajes de todos los asociados hasta hoy llegados con ayuda de este medio universal de la universalidad que desde este momento ha recomenzado para juntarnos, por fin, un poco más, y en prueba de la unidad que desde hoy nos acontece, descorchemos esas botella del Mejor Vino Rojo de Perdriel, y cada quien con su cada cual, comencemos a beber la primera fundación de Los Estado Generales del Corazón.
Dado en el patio de mi casa de rojo mosaico envejecido y con los Jazmines del País en parra y florecidos, a la hora veintidós de un cinco de enero del año dos mil tres
CONSTITÚYASE

domingo, 20 de junio de 2010

MARIA DE LOS MARES





























http://(fotografía, bajada de la red sin permiso de) www.radiobaragua.cu/Palma%20Soriano/noticias/colaboradores/mujeres/imagen/mujer-cuba.jpg.Gracias a Cecilia, Teresa, Gabriela, Mila, Patricia y Mercedes cuya intrínseca belleza supera en mucho a las palabras que las imaginaron como María de Las Vírgenes; María de las Gracias;María del Caribe; María de los Fuegos; María de los Aires y María de Los Mares.Osvaldo.-




Adaptación para relato en In Situ-Restó-bar-show temático, ya desaparecido, de un capìtulo de la novela Amapolas de Plomo, Puñaditos de Arena Capítulo "Setiembre del 72 - Las cubanas"



María, es la única persona auténticamente cubana que conozco. En realidad, toda su familia es auténticamente cubana.Veamos:
El abuelo paterno fue un comerciante tabacalero, medianamente rico, abolengo castellano, lo suficiente de todo, y un poco más, como para poder garantizar, a cada uno de sus hijos, estudios en los mejores colegios de La Habana de aquel entonces.
La madre de María, es Doña María Hilaria Fuentes, Duquesa De La Cerna y Luquez, realeza hispanoamericana, hija, nieta, bisnieta y tataranieta de españoles americanos, tanto que desciende de la primer hija americana engendrada por el Duque de De La Cerna, y una real princesa quiché. Es admiradora de Storni y Mistral, y aquí, en Mendoza, nucleadora de las Muy Señoras Patricias Mendocinas de la Cultura en respetadas tertulias literarias.
Como mi profesión de médico tiene un real prestigio social, es la muy adecuada cobertura para disimular la militancia de María en el Partido. De ahí que me hubiera preparado un plenario familiar para presentarme formalmente a toda la familia como “interesado” en ella, (y en eso no se equivoca demasiado) con lo cual se podría disimular los largos espacios fuera de su casa ocupados en discutir incansablemente marcos teóricos, consignas, pintadas y acciones revolucionarias a escondidas paradógicas de su familia, por ello es que me aclara.
- No debes llamarme Pepi, y escúchame bien compañero, de ninguna manera te tientes en hablar de política. Prométemelo.
- Pero sí, claro, te lo prometo, Pep, María. Pero lo que no entiendo es porqué te asusta tanto que vaya a salir el tema si…

... si casi me vuelvo loco. No por no poder “hablar”, sino porque en el patio, cerca de las arcadas de ladrillo a la vista de las galerías, enmarcadas por enrededaderas de jazmines blancos y azules, y enormes odres de cerámica de los que emergen cascadas de flores, están TODAS las De la Cerna, conformando un cuadro de impresionista y sensual cromaticidad...

La Pepi y las otras cinco hijas que Hilaria ha traído al mundo también son cubanas.
Todas son Marías y todas son bellas, de una singular belleza, con nombres tan hispanos como cubanos son sus cabellos, negros sus ojos y caribeños sus genes.

Cada una de las Marías es una versión diferente pero mejorada, rejuvenecida, de su mamacita.
Mi maría alias La Pepi en el Partido, es la más joven con casi dieciocho años. Hay otra de diecinueve, y luego veintiuno, veintitrés, veinticinco y veintisiete años de Marías y de Antillas.
Cada dos años, meses más o menos, una hija, ya que Doña Hilaria no cree en el control de la natalidad. Siendo una católica apostólica y romana tan convencida, lo que Dios y la Virgen provean, son milagros de la vida que deben ser bienvenidos. Así, cada vez que una de ellas vino al mundo, un agradecimiento a la Virgen, a la Carabela de Colón, por las musas, por la tatarabuela. Si cada hija tiene una hija, la tradición familiar marcará que puede ponerle los nombres que desee, siempre y cuando uno de ellos sea María, para cada una de las cuales, a la hora de bautizar, la duquesa ha sabido conjugar tradición con agradecimiento, y poesía con predestinación.

Doña María Hilaria está sentada en una Chaise Longue, de mimbre natural, donde abundan almohadoncillos turquesa. Debe tener más de cincuenta años, pero no representa más de treinta y cinco. Irradia un don de nobleza tan embriagante, que estrechar con vigor latino la mano que me extiende, sería ofensivo.
Siendo la primera vez que conozco a una real duquesa, me inclino por ello con torpeza, apenas le sostengo los dedos, y deposito un beso transparente en la suave y grácil paloma de su diestra.
De inmediato, dominando con sencillez protoclar la situación, la mater maternae se encarga de presentarme con naturalidad a cada una sus “niñas”, como ella las llama.

Mieles doradas, genéticamente bronceadas por los soles de Caibarién y Varadero, todas llevan el aguafuerte de la madre. Como ella son todas oliváceas de rostro, enmarcados en negruras profundas de pelo, altas y delgadas, gitanas y hechiceras, cimbreantes maderas de pura fibra latina.
Cada una lleva singulares vestidos, ya que la madre no permite que las mujeres de la casa, ni siquiera la sirvienta, usen pantalones. Por ello, en faldas u hopalandas que resaltan combinaciones de blancos y negros, o rosas y rojos, o amarillo y azul latino, a cada una la combinación más contrastante o complementaria, le resalta embelleciendo su piel morena.
Ninguna vulgaridad sensorial acompaña la policromía de las prendas. Al contrario. Una, es pura sutileza de sedas, en las pinceladas evanescentes de un Degas-Lautrec. Aquella otra, la guía de los náufragos del fin del mundo, con el faro de sus ojos . Y qué de trópico en las caderas tiene ésta. Cómo luce aquella otra, encabriolados, sus cabellos negros. Cuánto mar y acantilado llevan en insinuante sencillez, cuántas sensualidades apenas limitadas por los contornos de la ropa. Y qué desbarajuste sensorial padezco yo, al tratar de poetizar ingenuamente este delirio cromático y voluptuoso, donde solamente se podría sobrevivir siendo torero, gitano o Neruda. Porque sin la protección de una capa y un estoque, sin el alma de un poeta, o tras una guitarra flamenca, tanta femineidad y pasiones evidentes, me harían morir, incendiado por un fuego tan vano que ni cenizas quedarían para recordarlo.
La primera que me presentan es toda llanura vegetal, y primavera de pueblo, de absoluta clausura a la eroticidad, tan terciopelo y virginal como la primera Eva. La siguiente, contracara de su hermana, llega ondulando a mi lado precedida de una sexualidad tan poderosa que le trasciende los límites de la ropa.
Tan sencillo es ahogarse en los ojos de la mediana, como difícil resulta sostenerle la mirada a la mayor, porque ¡ah, la primogénita!. Es inaccesible desde su poderosa altura de reina. Tan empinada su cumbre real, que al saludarla debo bajar la cabeza y arrastrarme como un insecto nacido del fango apestoso, por haberme atrevido a subir los ojos hasta su altura. Desde allí me hará descender con un simple aleteo de pestañas. Solo se me permitirá tocar apenas, la punta de uno de sus dedos del pie, con mi frente en el suelo. Allí, por haber insistido en mirarle, aunque más no sea la altura del tobillo, deberé permanecer quieto, mientras aprietan mi cráneo contra el barro. De todas maneras, quien no moriría, como un insecto pero feliz, al ser aplastado por ese pie etéreo de venus tropical.
Con la restante hermana, sólo alguien tan puro como el Santo de Aquino, no yo, sin duda, podría pasearse desnudo de todo pudor quejumbroso, porque esta María, es la Eva antes de Pecar, sin vergüenza alguna, recién creada en el paraíso, para ser fuente de vida incorrupta, pura desnudez libre de todo pecado terrenal.
Ninguna de estas zagalillas será jamás un mediotono vital. Y entiendo, al recuperarme sensorialmente, el fundamento sutil y diferenciador, anticipatorio y mágico con que fueron sus nombres elegidos por una madre agradecida de Dios y preciosa poetisa de la naturalidad. Las dos primeras, María de las Vírgenes y María de las Gracias. Aquella María del Caribe y María de los Fuegos esta otra. María de los Aires la que resta… y Mi María la que me toma del brazo para que no me desmaye, al saborear con mis ojos y mi piel, cada uno de los nombres, tan mágicos como sus dueñas, y a la vez tan simples, femeninos y gráciles, devotos y cristianos, incendiarios y vestales, movilizantes de todos mis sentidos al rozar por aquí, fugazmente una mano, al hipnotizarme en la media distancia aquellos ojos, perderme en deja vou sobre las curvas de la luna de esta otra, arrodillarme ante el sol quemante de una cintura.
Si grato resultara volar en la gaviota de estos cabellos, preferible sería navegar en el cuello de este cisne, flotar en el regazo de aquel mar apaciguado...
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Horas y horas tecleando furioso en la Lettera 32, y no me termina de conformar lo que he escrito, pero de una sola cosa estaré absolutamente seguro. “Mi” María no podría llamarse de otra manera que no fuese de los Mares, prescindiendo del “De la Cerna” No habrá nombre mejor para la menor de las nacidas en las más bellas y cálidas aguas antillanas…